viernes, 30 de septiembre de 2016

Truman Capote / Una luz en la ventana


Truman 

Capote

Biografía


Una luz 

en la ventana



A Lamp in the Window



na vez me invitaron a una boda; la novia sugirió que hiciera el viaje desde Nueva York con una pareja de invitados, el señor y la señora Roberts, a quienes no conocía. Era un frío día de abril, y en el viaje a Connecticut, los Roberts, un matrimonio de cuarenta y pocos años, parecieron bastante agradables; no el tipo de gente con los que uno quisiera pasar un largo fin de semana, pero tampoco tremendos.


No obstante, en la recepción nupcial se consumió gran cantidad de licor, y debo decir que mis conductores ingirieron la tercera parte de ello. Fueron los últimos en dejar la fiesta —aproximadamente, a las once de la noche—, y yo me sentía muy reacio a acompañarlos; sabía que estaban borrachos, pero no me di cuenta de lo mucho que lo estaban. Habríamos recorrido unas veinte millas, con el coche dando muchos virajes mientras el señor y la señora Roberts se insultaban mutuamente en un lenguaje de lo más extraordinario (efectivamente, parecía una escena sacada de ¿Quién teme a Virginia Wolf?), cuando míster Roberts, de modo muy comprensible, torció equivocadamente y se perdió en un oscuro camino comarcal. Seguí pidiéndoles, y terminé rogándoles que pararan el coche y me dejaran bajar, pero estaban tan absortos en sus invectivas que me ignoraron. Por fin, el coche paró por voluntad propia (temporalmente), al darse una bofetada contra el costado de un árbol. Aproveché la oportunidad para bajarme de un salto por la puerta trasera y entrar corriendo en el bosque. En seguida partió el condenado vehículo, dejándome solo en la helada oscuridad. Estoy convencido de que mis anfitriones no descubrieron mi ausencia; Dios sabe que yo no les eché de menos a ellos.

Pero no era un placer quedarse ahí, perdido en una fría noche de viento. Empecé a andar, con la esperanza de llegar a una carretera. Caminé durante media hora sin avistar casa alguna. Entonces, nada más salir del camino, vi una casita de madera con un porche y una ventana alumbrada por una lámpara. De puntillas, entré en el porche y me asomé a la ventana; una mujer mayor, de suave cabellera blanca y cara redonda y agradable, estaba sentada ante una chimenea leyendo un libro. Había un gato acurrucado en su regazo, y otros dormitaban a sus pies.

Llamé a la puerta y, cuando la abrió, dije mientras me castañeteaban los dientes:

—Siento molestarla, pero he tenido una especie de accidente; me pregunto si podría utilizar su teléfono para llamar a un taxi.

—¡Oh, vaya! —exclamó ella, sonriendo—. Me temo que no tenga teléfono. Soy demasiado pobre. Pero pase, por favor. —Y al franquear yo la puerta y entrar en la acogedora habitación, añadió—: ¡Válgame Dios! Está usted helado, muchacho. ¿Quiere que haga café? ¿Una taza de té? Tengo un poco de whisky que dejó mi marido; murió hace seis años.

Dije que un poco de whisky me vendría muy bien.

Mientras ella iba a buscarlo, me calenté las manos en el fuego y eché un vistazo a la habitación. Era un sitio alegre, ocupado por seis o siete gatos de especies callejeras y de diversos colores. Miré el título del libro que la señora Kelly —pues así se llamaba, como me enteré más tarde— estaba leyendo: era Emma, de Jane Austen, una de mis escritoras favoritas.

Cuando la señora Kelly volvió con un vaso con hielo y una polvorienta media botella de bourbon, dijo:

—Siéntese, siéntese. No disfruto de compañía a menudo. Claro que estoy con mis gatos. En cualquier caso, ¿se quedará a dormir? Tengo un precioso cuartito de huéspedes que está esperando a uno desde hace muchísimo tiempo. Por la mañana podrá usted caminar hasta la carretera y conseguir que lo lleven al pueblo, y allí encontrará un garaje donde le arreglen el coche. Está a unas cinco millas.

Me pregunté, en voz alta, cómo es que podía vivir de manera tan aislada, sin medio de transporte y sin teléfono; me dijo que su buen amigo, el cartero, se ocupaba de todo lo que ella necesitaba comprar.

—Albert. ¡Es realmente tan encantador y tan fiel! Pero se jubila el año que viene. No sé lo que haré después. Aunque algo se presentará. Quizá un nuevo y amable cartero. Dígame, ¿qué clase de accidente ha tenido usted exactamente?

Cuando le expliqué la verdad del caso, me respondió, indignada:

—Hizo usted exactamente lo que debía. Yo no pondría el pie en un coche con un hombre que hubiera olido una copa de jerez. Así es como perdí a mi marido. Casados durante cuarenta años, cuarenta felices años, y lo perdí porque un conductor borracho lo atropelló. Si no fuera por mis gatos...

Acarició a una gata de color anaranjado que ronroneaba en su regazo.

Hablamos ante el fuego hasta que se me cansaron los ojos. Hablamos de Jane Austen («Ah, Jane. Mi tragedia es que he leído sus libros tan a menudo que me los sé de memoria») y de otros autores admirados: Thoreau, Willa Cather, Dickens, Lewis Carroll, Agatha Christie, Raymond Chandler, Hawthorne, Chejov, Maupassant. Era una mujer de mente sana y variada; la inteligencia iluminaba sus ojos de color de avellana, igual que la lamparita brillaba encima de la mesa, a su lado. Hablamos de los crudos inviernos de Connecticut, de políticos, de lugares lejanos («Nunca he estado en el extranjero, pero si alguna vez tengo oportunidad, África sería el lugar a donde iría. A veces he soñado con ella, las verdes colinas, el calor, las hermosas jirafas, los elefantes andando por ahí»), de religión («Me educaron como católica, por supuesto, pero ahora, casi siento decirlo, tengo una mentalidad abierta. Demasiadas lecturas, quizá»), de horticultura («Cultivo y conservo todos mis verduras; por necesidad»). Finalmente:

—Disculpe mi cháchara. No puede figurarse el gran placer que me proporciona. Pero ya pasa de su hora de acostarse. Y noto que es la mía.

Me acompañó al piso de arriba y, tras estar cómodamente instalado en una cama de matrimonio bajo un dichoso peso de bonitas colchas confeccionadas con trozos de desecho, volvió y me dio las buenas noches, deseándome felices sueños. Me quedé despierto, pensando en todo aquello. Qué experiencia tan extraordinaria: ser una vieja que vive sola y apartada, que un desconocido llame a la puerta en plena noche y no sólo abrirla, sino darle una cálida bienvenida, nacerle entrar y ofrecerle albergue. Si nuestra situación hubiera estado invertida, dudo que yo hubiera tenido valor para hacerlo, por no hablar de la generosidad.

A la mañana siguiente me dio de desayunar en la cocina. Café, gachas de avena con azúcar y leche condensada, pero me encontraba hambriento y me supo a gloria. La cocina estaba más sucia que el resto de la casa; el fogón, un traqueteante frigorífico, todo parecía al borde de la extinción. Todo salvo un objeto amplio y en cierta forma moderno, un congelador encajado en un rincón de la habitación.

Ella estaba con su cháchara:

—Adoro los pájaros. Me siento muy culpable por no echarles migas durante el invierno. Pero no puedo tenerlos alrededor de la casa. Por los gatos. ¿Le gustan a usted los gatos?

—Sí, una vez tuve una gata siamesa llamada Toma. Vivió doce años y viajamos juntos a todas partes. Por todo el mundo. Y cuando murió, no tuve corazón para buscarme otro.

—Entonces, quizás entienda usted esto —dijo, llevándome hacia el congelador y abriéndolo. En el interior no había sino gatos: montones de gatos congelados, perfectamente conservados, docenas de gatos. Aquello me produjo una extraña impresión—. Todos mis viejos amigos. Que se han ido a descansar. Es que, sencillamente, no podía soportar el hecho de perderlos. Completamente. —Se rió y añadió—: Supongo que pensará que estoy un poco loca.

Un poco loca. Sí, un poco loca, pensaba yo al andar bajo el cielo gris en dirección a la carretera que ella me había indicado. Pero radiante: una lámpara en una ventana.

Truman Capote
Música para camaleones


Rosa Montero / Capote


Truman Capote
según Francisco Javier Olea

Capote


Biografía

ROSA MONTERO
29 AGO 1984

Truman Capote ha tenido la trágica habilidad de morirse en pleno agosto. Él, que siempre gustó de llamar la atención, ha sabido desaparecer en el mes más pobre de noticias, y los periódicos estiran sus páginas con verdadero alivio y las llenan de artículos mortuorios. No cabe duda de que el autor del estremecedor A sangre fría reunía méritos suficientes como para que su fallecimiento ocupase un lugar de honor informativo, fuera cual fuese la fecha de su defunción. Pero el aburrimiento del verano le ha proporcionado mayor holgura, de modo que hemos podido enterarnos de una infinidad de detalles de su vida. De hechos fundamentales, pero también de aparentes menudencias.De la existencia de sus objetos, por ejemplo. Diario 16 publica un artículo de Warhol. Cuenta que la casa de Truman está llena de porcelanas y cacharros. Que además el escritor coleccionaba pisapapeles y marfiles. Siempre me han llamado la atención los coleccionistas, que son algo así como fetichistas elevados a su máximo grado de perversión. Los fetichistas se aferran a objetos que han jugado algún papel en sus biografías, que simbolizan algo o a alguien, en un desesperado afán por anclar la siempre fugaz memoria, por convertir la vida que se nos fue en algo tangible y perdurable. Los coleccionistas van mucho más állá en este esfuerzo inútil y acaparan objetos sin sentido. No es que pretendan revivir su pasado a través de las cosas: es que confunden la posesión de las cosas con el vivir. 

Truman Capote quería terminar su último libro "y luego morir"



Truman Capote

quería terminar su último libro "y luego morir"

Biografía



Los Ángeles 
28 AGO 1984
"Él me había dicho que deseaba vivir lo suficiente para terminar su último libro y luego quería morir", declaró Gerald Clarke, biógrafo y amigo del escritor norteamericano Truman Capote, fallecido el sábado en Los Angeles a los 59 años. Capote había pedido prestado un bolígrafo a Joanne Carson, la ex esposa del presentador de televisión Johnny Carson, pocas horas antes de que ella le encontrase muerto. Él le había dicho que había sentido la necesidad de terminar su novela Answered prayers, basada en una frase de santa Teresa sobre las lágrimas vertidas por las plegarias respondidas, en la que había estado trabajando desde hace diez años.El cuerpo del autor de A sangre fría y Desayuno en Tiffanys fue encontrado sin vida por Joanne Carson el sábado, en casa de esta úItima, donde Capote había ido a pasar unos días y celebrar s,as 60 años, que hubiera cumplido el práximo 30 de septiembre. Joanne Carson, amiga de Capote desde hace muchos años, informó que el escritor estuvo trabajando en los últimos fragmentos de su novela la noche del viernes. 

Truman Capote / Un regalo de cumpleaños

Truman Capote

Truman Capote

Biografía

Un regalo de cumpleaños



27 de agosto de 1984
EMILIO SANZ DE SOTO




El novelista norteamericano Truman Capote fue encontrado muerto por una amiga suya que le había invitado a su casa de Los Angeles para celebrar su próximo cumpleaños. La policía local informó que Joanne Carson, ex mujer del famoso presentador de televisión Johnny Carson, halló el cuerpo sin vida del escritor en la cama de su dormitorio hacia el mediodía del sábado. Capote, que tenía 59 años de edad, solía tomar grandes dosis de tranquilizantes, lo que en varias ocasiones había provocado su hospitalización. Truman Streofkus Persons, su verdadero nombre, se declaraba abiertamente homosexual, padecía epilepsia y se confesaba alcohólico. Publicó su primera obra, Miriam, a los 20 años aunque su fama llegó con Otras voces, otros ámbitos. Su novela más conocida es A sangre fría, una dura reflexión sobre la pena de muerte.

El 6 de octubre de 1949 -fecha de mi cumpleaños- nos invitó Jane Bowles a Pepe Cárleton y a mí a comer en el restaurante Robinson, junto a las Cuevas de Hércules, frente al Atlántico, en un Tánger que ya no existe. Ya por teléfono, Jane, con su mágica voz -otras voces, otros ámbitos-, me había advertido que nos reservaba una sorpresa.Tanto ella como Paul, su marido, habían elegido entonces para vivir un lugar paradisiaco, El Farhar, escondido en el monte Viejo. Era propiedad de un matrimonio inglés, los Buckingham, cuyas hijas, muchas, se nos aparecían siempre subidas por los árboles, eucaliptos, mimosas, en posturas inverosímiles, dejando sus cabelleras rubias a merced del viento del estrecho de Gibraltar. Los Buckingham vivían en un viejo caserón, ya algo resquebrajado, pero con una terraza, la más bella de cuantas terrazas he conocido, con el mar al fondo, dejándose adivinar entre el inconfundible colorido de la vegetación mediterránea. En aquella terraza tomábamos el té en tazas de lata. Era aquel matrimonio inglés, a su elegante manera, unos bohemios que vivían del alquiler de unas casitas diminutas que habían construido salpicándolas por el jardín. Y a una de aquellas casitas -no más de cuatro- fuimos aquella mañana Pepe y yo, curiosos por conocer la sorpresa que Jane nos deparaba. Fueron muchas las sorpresas que Jane Bowles nos ofreciera en su vida. Toda ella era una sorpresa. Pero aquélla fue un regalo de cumpleaños que jamás se volverá a repetir.
Truman Capote (a la derecha, sentado)
De pie,, con blusa blanca, Jane Bowles
1949

Nos recibió Jane con su cara de niña traviesa, siempre a punto de cometer algo prohibido, y cogiéndonos de las manos nos llevó sendero abajo, entre geranios, a la más oculta de las casitas, sólo una puerta y dos ventanas, todo recubierto por buganvillas. Nada más acercanos quedé sorprendido al oír la voz de Conchita Supervía cantando Clavelitos. Esa voz -más de pájaro que humana- la tenía clavada en mi memoria, en la memoria de mi niñez. Jane se acercó a la ventana y susurró: "My darling...". Se abrió la puerta y apareció un niño rubio, sonriente, vestido de marinero, de marinero del Misisipi... Así conocí, así conocimos Pepe Cárleton y yo a Truman Capote.
Ya estaba informado por Jane de nuestras vidas y de algún que otro milagro. Lo primero que hizo -lo recuerdo ahora, en este mi sino instante, como si no existiera el tiempo- fue ponerse a cantar él mismo Clavelitos, imitando la voz de Supervía, a la que los anglosajones le cambiaron el acento, llamándola Supérvia, que suena infinitamente mejor. Y así empezaron no unas risas, sino unas imborrables carcajadas que habrían de repetirse verano tras verano, hasta que Jane Bowles fue recluida en una clínica de Málaga, lejos de todos, lejos de ella misma...
Me es imposible escribir sobre los momentos -miles- que se me agolpan ahora en mi memoria, pasados no, iluminados, junto a Truman Capote. Algún día los recordaré. Hoy el espacio me lo impide. Me limito, pues, a aquella mañana de mi encuentro con un ser impar. ¡Y qué pocos seres impares ha encontrado uno a lo largo de la vida! No me estoy refiriendo a sus obras, me estoy refiriendo a sus personas. Impares recuerdos -porque todos han muerto, porque todos fueron, porque todos tenían que ser, ajenos a la vejez-: Truman Capote, Jane Bowles, Angel Vázquez.

El niño Truman Capote
Ilustración de Barry Moser.

Aquella mañana, tras su genial imitación de Conchita Supervía, pasamos al interior de la casa -una sola habitación-, paró el tocadiscos y nos confesó que era ésta, Clavelitos, la canción que más le inspiraba. "Es una canción que odiaba", nos dijo, "porque la cantaba mi padrastro, José García Capote, con voz de macho y, claro está, la destrozaba, hasta que un día se la oí a Supérvia en un disco y la recuperé para siempre en su virginidad". Por una de las ventanas vimos saltar entre las ramas a las hijas de los Buckingham y Truman, cerrando las persianas, comentó: "Este jardín está lleno de ninfas constantes". Y así podría seguir y seguir recordando y recordándole con su voz de niño eterno.
Él siempre lo decía: "Mis escritos no hay que leerlos, hay que oírlos". Sus escritos quedarán... ¿pero se seguirán oyendo? Que cada cual invente -reinvente- su música. Así lo quería Truman Capote.
Querido amigo, las agencias de Prensa hablan de homosexualidad, de epilepsia, de drogas, de alcohol, de que tu cuerpo está en manos de los forenses, a disposición de la policía. Te tratan a sangre fría. ¿Saben acaso todos ellos lo que significa ser un poeta? Lo ignoran, lo ignorarán siempre... El mundo sigue y seguirá igual de repugnante. Este mundo del que te querías ir... y ya te has ido. Feliz tú. Los que tuvimos el privilegio de conocerte seguimos oyendo tus carcajadas... a sabiendas (y en secreto) de quiénes te reías. Hoy eres el más fuerte. Te creían débil. Gracias, Truman, mi niño, porque para mí, y espero que para muchos, seguirás, ya para siempre, siendo un niño.
Emilio Sanz de Soto es escritor.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de agosto de 1984


Muere en Los Angeles el escritor Truman Capote


Truman Capote
Fotografía de Irving Penn

Muere en Los Angeles el escritor Truman Capote

Fue uno de los autores más populares de la novela norteamericana de las últimas décadas


Los Ángeles 
26 AGO 1984


El escritor estadounidense Truman Capote, de 59 años, falleció ayer en Los Ángeles, California, según informó la policía. Capote, autor de éxitos de ventas como A sangre fría y Desayuno en Tiffany's, se declaraba abiertamente homosexual, padecía ataques epilépticos y tomaba drogas sedantes. Un portavoz policial declaró que no había indicios de que se tratase de un acto criminal, pero que un examen forense determinaría la causa de su muerte.

Truman Capote, una sombra que pasa por Madrid


Truman Capote, una sombra que pasa por Madrid

Entrevista con el autor de "A sangre fría"





ROSA MARIA PEREDA
31 MAR 1979


Para asistir a la sesión de hoy de La clave, en la que se discute el papel y el compromiso de los intelectuales, Truman Capote, el novelista americano que con más fuerza ha roto los límites entre la novela y el reportaje, pasó por Madrid. Escritor desde los seis años, publicando desde los dieciocho -«hay futbolistas que jugaron desde niños y pianistas que comenzaron a tocar temprano. No veo por qué no un escritor»-, en su misma persona es difícil delimitar los límites, de la ficción y la realidad.

jueves, 29 de septiembre de 2016

El universo turbador de Truman Capote



El universo turbador de Truman Capote

Biografía

Se publica 'Summer crossing', primera novela del escritor, y se estrena un filme sobre 'A sangre fría'


BARBARA CELIS
Nueva York 3 OCT 2005


"Sólo hay un único Truman Capote. No hubo nadie como yo antes ni habrá nadie como yo después de mi muerte". Las palabras del excéntrico y genial escritor estadounidense (Nueva Orleans, 1924-Los Ángeles, 1984), 40 años después de la publicación de A sangre fría en la revista The New Yorker, no parecen descabelladas. Capote vuelve a ser centro de atención este otoño con la publicación, el próximo día 25, de su primera novela, la inédita Summer crossing,escrita cuando aún no había cumplido 20 años; el éxito de crítica de la película Capote, sobre los seis años que dedicó a escribir A sangre fría, y el proyecto de otro filme sobre aquella odisea. Todo ello vuelve a poner de moda a un escritor único que revolucionó la literatura con la novela de no ficción.

Truman Capote / Un placer fugaz / Los excesos y la fragilidad




Truman Capote

Los excesos y la fragilidad de Capote

La correspondencia del autor de 'A sangre fría' constituye su más cabal autorretrato


JOSÉ ANDRÉS ROJO
Madrid 16 FEB 2006



El 24 de febrero se estrena Capote, la película de Bennett Miller que protagoniza Philip Seymour Hoffman y que reconstruye los años en que el escritor estadounidense se embarcó en A sangre fría, una novela que revolucionó las reglas del género al convertir un episodio de la vida real (el asesinato de la familia Clutter) en su columna vertebral. Se publicó en 1965 en The New Yorker en cuatro entregas, y poco después se convirtió en un fenómeno editorial. Truman Capote (Nueva Orleans, 1924-Los Ángeles, 1984) no era entonces un desconocido -Desayuno en Tiffany's, otro de sus grandes títulos, es de 1958-, pero la magnitud de su nuevo éxito lo lanzó al estrellato. El próximo mes aparece en España Un placer fugaz, que reúne su correspondencia completa.




Marilyn Monroe / Fantasía literaria y adorable criatura

Marilyn Monroe
MARILYN MONROE

Fantasía literaria y adorable criatura

Marilyn Monroe ha protagonizado póstumamente un sinfín de novelas y biografías. Estas son algunas de las obras más destacadas


JAVIER MOLINA
Madrid 2 AGO 2012 - 14:19 COT


Una tarde, mientras contemplaban el puente de Brooklyn desde la orilla de Manhattan, Marilyn Monroe puso a su amigo Truman Capote entre la espada y la pared: “Si alguna vez te preguntaran, cómo era yo, cómo era Marilyn, en realidad, ¿Qué contestarías?”. Su tono era juguetón e inoportuno, pero grave. “Apuesto a que dirías que era una palurda”, añadió la actriz antes de que el escritor abriera la boca. “Por supuesto”, contestó el periodista, “pero también diría…”. Al autor de A Sangre fría se le entrecortó la voz y percibió que esa vez, la actriz quería una respuesta honesta. El esplendor póstumo de ese momento quedó para siempre en su memoria: “La luz se iba. Marilyn parecía esfumarse con ella, mezclarse con el cielo y las nubes, disolverse a lo lejos. Quise elevar mi voz sobre los chillidos de las gaviotas y llamarla para que volviese: ¡Marilyn! ¿Por qué todo tuvo que acabar así, Marilyn? ¿Por qué? ¿Por qué la vida tiene que ser tan terrible?”. A continuación, algo le devolvió al momento presente, pero siguió balbuceando: “Yo diría…”. Marilyn le dijo que no le oía. “Diría que eres una adorable criatura”.
Marilyn Monroe y Truman Capote
Con esta maravillosa escena, Capote (1924-1984) concluye el relato sobre la actriz, titulado: Una adorable criatura (incluido en Retratos, Anagrama, 2001). Es quizás la obra más destacable entre un sinfín bibliográfico que mayoritariamente apuesta por el sensacionalismo que rodea la vida de Monroe. El retrato del mayor representante de la novela de no ficción no es un homenaje hagiográfico a su íntima amiga; también refleja su carácter caprichoso y frívolo, sus miedos y sus limitaciones intelectuales. Y por encima de todo destaca la gracilidad femenina de un ser extremadamente vulnerable que desprende luz y belleza como pocos. Un ser, que por encima de todo, para bien y para mal, era adorable.

Truman Capote / El talento y el látigo

Truman Capote
Fotografía de Richard Avedon
Poster de T.A.

Truman Capote

Biografía

El talento y el látigo

JORGE EDWARDS
9 OCT 1984

En su conocido prólogo a Música para camaleones, el último de sus libros publicados, Truman Capote dice que cuando Dios entrega un don, entrega al mismo tiempo un látigo, un látigo que sólo sirve para autoflagelarse. Lo dice a propósito de toda su experiencia literaria. Porque desde niño, desde los ocho o nueve años de edad, fue un escritor asombrosamente consciente, obsesionado por la idea de dominar el oficio. Sentía, sin duda, el peso de una generación brillante y que se hallaba en pleno trabajo creativo: la de William Faulkner, sobre todo, de quien iba a ser un continuador directo. En ese prólogo dice que sus principales intereses infantiles consistían en leer, ir a ver películas, bailar zapateado y dibujar. Uno advierte que de la lectura, sin darse demasiada cuenta, pasó a la escritura, adquiriendo así eso que después definiría como un látigo: la exigencia de la persona que sabe distinguir entre el simple trabajo literario de calidad y la obra de arte. Truman Capote adquirió la calidad superior, excelente, en plena adolescencia, al escribir sus primeros cuentos, y luchó durante el resto de su vida para crear la verdadera obra de arte. Probablemente no lo consiguió, o lo consiguió sólo a medias, en algunas páginas. Se sabe que el día de su muerte había vuelto a revisar el final de Answered prayers (Oraciones contestadas), título que reconoció haber tomado de una idea de santa Teresa: se derraman más lágrimas por las oraciones contestadas que por las que no obtienen respuesta.

Truman Capote / El látigo de Dios


Truman Capote

Truman Capote

Biografía

El látigo de Dios


EDUARDO HARO TECGLEN
27 AGO 1984

Algunos de estos escritores pequeñuelos, de cuerpecillo diminuto y frágil, han buscado siempre la pureza y la inocencia, como si el no crecer les impulsara a prolongar indefinidamente la infancia a la manera de Peter Pan (del querido enanillo de Hyde Park sir James Barrie). El gnomo Truman Capote investigó pureza e inocencia, las encontró, las trató en los personajes perdidos, o que la sociedad da por perdidos. Otros de las generaciones en torno a la suya lo hicieron, dentro de una sociedad dura y puritana; ninguno con el estilo de Truman Capote, que es su otra gran clave personal e intelectual.Infancia y literatura fueron para él encadenadas: a los ocho años escribía. Y percibió que tenía lo que él mucho más tarde llamó "el látigo de Dios" en esta expresión: "Cuando Dios le da a uno un don, también le da un látigo: y el látigo es únicamente para flagelarse a sí mismo". Escribió desde entonces incesantemente, varias horas al día buscando un arte del lenguaje, un estilo: se ejercitaba contándole al papel (en sus últimos años trabajaba sin él: en una pantalla electrónica de tratamiento de textos) su mundo en torno, la vida cotidiana, las historias de su calle y sus vecinos, las costumbres. Es curio so cómo este aspecto inicialmente secundario de su trabajo -la utilización de la vida directa- iba a ser decisivo en su vida literaria, que cuajaría en su libro A sangre fría. Infancia había en su primera novela larga, Otras voces, otros ámbitos (un muchacho, Joel, viaja en busca de su padre: cuenta la vida que ve, y es dura y contradictoria, y la contrasta con su inocencia). Y pureza en la que inmediatamente fue famosa, Desayuno en Tiffany's, donde una mujer equívoca, no integrada, es el ejemplo de la inocencia.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Truman Capote / Prefacio de Música para camaleones



Truman Capote

Biografía
MÚSICA PARA CAMALEONES




El prefacio de Música para camaleones,  el último libro que publicó Truman Capotees una lúcida reflexión sobre la escritura. "Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse", dice Capote en estas páginas: toda una declaración sobre el oficio, sobre el talento, sobre la vida misma. 

Como es sabido, A sangre fría consagró a su autor, pero el precio fue alto. Aplaudida a la vez por lectores y críticos, la obra inauguró un nuevo género, La novela de no ficción, y la vida de Capote no volvió a ser la misma. Nunca pudo terminar Plegarias respondidas, la novela sobre la alta sociedad neoyorkina. De hecho, no hubo más novelas después de A sangre fría. Nunca fue se Proust que anhelaba. Su salud y su vida amorosa se deterioran por igual. La alta sociedad le dio la espalda cuando publicó algunos capítulos de Plegarias respondidas. El prefacio de Música para camaleones detalla las dificultades del libro, totalmente prescindible en su bibliografía.

Música para camaleones, uno de los grandes títulos de Truman Capote y una genial despedida de este mundo, es una lección de sabiduría y estilo. De altísima calidad y sin altibajos, contiene por lo menos cuatro o cinco textos absolutamente geniales, como "Una hermosa criatura", un retrato de Marilyn Monroe, "Un día de trabajo", donde el pequeño Truman sigue a una mujer negra que limpia apartamentos en Nueva York, y "Una luz en la ventana", que bien podría considerarse un cuento, puro y elemental, uno de sus mejores cuentos.  

Triunfo Arciniegas 



PREFACIO

Mi vida, al menos como artista, puede proyectarse exactamente igual que la gráfica de la temperatura: las altas y bajas, los ciclos claramente definidos.
Empecé a escribir cuando tenía ocho años: de improviso, sin inspirarme en ejemplo alguno. No conocía a nadie que escribiese y a poca gente que leyese. Pero el caso era que solo me interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, bailar zapateado y hacer dibujos. Entonces, un día comencé a escribir, sin saber que me habla encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse.
Pero, por supuesto, yo no lo sabía. Escribí relatos de aventuras, novelas de crímenes, comedias satíricas, cuentos que me habían referido antiguos esclavos y veteranos de la Guerra Civil. Al principio fue muy divertido. Dejé de serlo cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y mal; y luego hice otro descubrimiento mas alarmante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil, pero brutal. ¡Y, después de aquello, cayó el látigo!

Las cenizas de Truman Capote, vendidas por 40.000 euros, irán de fiesta

Truman Capote,1979
Andy Warhol

Las cenizas de Truman Capote, vendidas por 40.000 euros, irán de fiesta


Los compradores llevarán los restos a eventos a los que era aficionado el escritor estadounidense, según la casa que los subastó


EL PAÍS
Madrid 26 SEP 2016 - 07:25 COT

Las cenizas de Truman Capote "continuarán sus aventuras". Los restos del escritor estadounidense fueron subastados este sábado por 40.000 euros a unos compradores que lo llevarán "al cine o a jugar", según informó Darren Julien, el presidente de la casa de subastas Julien's, quien abrió la puja en Los Ángeles, California.

Harper Lee / Truman Capote era una sicópata

Truman Capote y Harper Lee
Harper Lee
TRUMAN CAPOTE ERA UN SICÓPATA
Biografía de Truman Capote

EMILI J. BLASCO
ABC_CULTURA / WASHINGTON
Día 22/07/2014 - 18.42h

La autora de «Matar a un ruiseñor» niega haber autorizado la publicación de una nueva biografía en la que se incluyen polémicos comentarios sobre su amistad con el escritor



Catherine Keener y Philip Seymour Hoffman, como Harper Lee y Truman Capote en una escena de la película «Capote»



Harper Lee, que en 1960 alcanzó la fama con la novela «Matar a un ruiseñor» y desde entonces ha vivido escondida de la opinión pública en su Alabama natal, niega haber bendecido una nueva biografía que la semana pasada llegó a las librerías de Estados Unidos. La escritora nunca ha cooperado con los autores que en todos estos años se han interesado por ella y, asegura, tampoco lo ha hecho ahora.

martes, 27 de septiembre de 2016

El socialismos del siglo XXI en Venezuela / Seis bebés en cajas de cartón


Bebés en cajas en Venezuela


La imagen de seis recién nacidos en improvisadas cunas de cartón en un hospital simboliza el colapso del país




MAOLIS CASTRO
Caracas 25 SEP 2016 - 11:20 COT



Una fotografía se ha transformado en un contundente testimonio de la carestía de Venezuela. Seis bebés adormecidos dentro de cajas de cartón en el hospital Domingo Guzmán Lander del oriental Estado de Anzoátegui son un auténtico retrato de la crisis del país petrolero. La foto ha demolido la versión del Gobierno del presidente Nicolás Maduro, que insiste en desmentir a los que denuncian un colapso de Venezuela. La imagen, captada con un teléfono móvil, ha circulado con vertiginosidad en Internet.