viernes, 23 de junio de 2017

Ava Gardner según los otros

Ava Gardner

Ava Gardner 
según los otros
Biografía 


"La primera vez que besé a Ava Gardner en el rodaje de Forajidos, tuve una erección".

Burt Lancaster 


"A Ava Gardner parece que la estoy viendo en la Feria de Abril de Sevilla, con aquel hoyo en la barbilla, aquel corte de cara... Nadie como ella para saber estar en un sitio, hasta que dejaba de estarlo, porque bebía demasiado" . 
Lola Flores

"Esta mujer supone para mí un cambio completo en mi existencia." 
Mario Cabré


"Todos mis recuerdos de ella son buenos; no puedo destacar ninguno en especial. Ava ha sido una persona a la que yo he apreciado muchísimo, más de lo que ella pensó".
Mario Cabré


"Ava Gardner es fácil de retratar aunque haya estado en pie hasta las cinco de la mañana y se haya levantado cuatro horas más tarde".
Jack Cardiff 



"La conocí en el rodaje de "Terremoto". La vi entrar al estudio de grabación con una pamela blanca sobre su cabeza. Tenía 54 años y me quedé maravillada porque todavía era impresionante.

Genevieve Bujold


"Ava era encantadora, una auténtica reina de la pantalla realmente exitante; maravillosa de contemplar y con unas piernas adorables. Cuando pasa por la pantalla te dan ganas de dejarlo todo y seguirla".
George Cukor

"A los 23 años ya era una mujer como para morir por ella. La conocí durante cuarenta años y siempre me sorprendía... Quizá bebía más de la cuenta, pero en el trabajo nunca vi ningún indicio de alcohol. Nunca llegaba tarde, siempre sabía su diálogo y siempre fue disciplinada".
Gregory Peck


"Ava era una persona de una extraordinaria calidad humana. Como belleza física está claro que nunca tuvo discusión, pero lo que mucha gente no sabe es que tenía tanta belleza moral como física. Desprendida y generosa, el dinero no contaba para ella. Eso sí era irritable y caprichosa. Tenía que tener lo que quería en el momento que lo quería, y cuando se le llevaba la contraria era imposible. Se guiaba por sus impulsos, no pensaba con la cabeza, pero no porque fuera tonta, sino porque era así, instintiva. Tenía un caracter muy fuerte, aunque a los cinco minutos se le había olvidado completamente lo que le había hecho saltar. Ava también era muy amiga de sus amigos, con una lealtad inmensa. Se daba íntegra, no tenía frenos ni trabas. Además era una mujer que siempre iba al natural, pues no le daba la menor importancia a la belleza. No se maquillaba practicamente, no necesitaba nada. Otro factor importante de su forma de ser era su recuperación física. Tan tremenda que con una hora de sueño estaba dispuesta a trabajar diez horas seguidas. Además, no veía el riesgo en nada. Toreó conmigo al alimón alguna vez en Villapaz, como si nada. Ava era indiscutiblemente una fuerza de la naturaleza".
Luis Miguel Dominguín


"Ava amaba la ginebra, el vodka y a Frank Sinatra".

Arlene Dalh


"Después de sufrir la apoplegía, creo que no podía soportar que alguien la viera. Un día la llamé por teléfono y le dije que quería hablar con la verdadera Ava. Ella me contestó: "Está muerta"". 
Arlene Dahl 




Ava Gardner / "Dios mío, Peter, no podemos publicar esto"


Ava Gardner

Biografía

"Dios mío, Peter, no podemos publicar esto"



IXONE DÍAZ LANDALUCE
11 de septiembre de 2013


Arruinada y enferma, en 1988 Ava decidió escribir sus memorias con la ayuda de Peter Evans. Luego, se arrepintió y sus secretos quedaron guardados en el cajón del escritor. 23 años después de su muerte, una biografía revela aquellas conversaciones en las que la actriz desveló las intimidades de sus tres matrimonios con Mickey Rooney, Artie Shaw y Frank Sinatra. 

Mogambo / La aventura africana de John Ford



‘Mogambo’: la aventura africana de John Ford


El cineasta aceptó el encargo porque era una oportunidad única de viajar a África y rodar en Kenia, Uganda y Tanzania


CANAL TCM
Madrid 15 AGO 2013 - 18:38 COT




Grace Kelly y Ava Gardner

Mogambo era una nueva versión de Tierra de pasión (Red dust), un film ambientado en Indochina que Clark Gable había protagonizado en 1932 al lado de la explosiva Jean Harlow, basado a su vez, en una obra teatral. En un primer momento el remake iba a estar protagonizado por Stewart Granger pero este, al parecer, no quería pasar mucho tiempo separado de su entonces esposa, Jean Simmons, y el papel cayó nuevamente en manos de Clark Gable.

Madrid / Tras la estela de Ava Gardner



Tras la estela de Ava Gardner


Dos amigos reconstruyen las rutas nocturnas de la estrella de Hollywood, que vivió sin tregua, durante 15 años, el ambiente de fiesta de Madrid


INES VILA
Madrid 23 AGO 2011



Vivía más de noche que de día. Volvía a casa con el camión de la basura y toreaba coches en el Paseo de la Castellana. Ava Gardner se bebió Madrid durante los 15 años que vivió en ella atraída por su romance con Luis Miguel Dominguín. La huella que dejó en España entre 1952 y 1967 ya la han seguido autores como el novelista y crítico teatral Marcos Ordóñez en Beberse la vida, o el cronista estadounidense Lee Server en su biografía Ava Gardner, una diosa con pies de barro. El último en hacerlo es Isaki Lacuesta, que desnuda a la condesa descalza en el documental La noche que no acaba, estrenado recientemente.
Se solía decir que "no hay hombre en Madrid que no se haya acostado con Ava Gardner ni bar en el que no se haya emborrachado Hemingway". Paco Miranda detesta esta afirmación. "Ella elegía a quién se llevaba a la cama porque podía, pero desde luego no era a cualquiera". Íntimo amigo del animal más bello del mundo y compañero de juergas, Miranda presume de ser el único hombre en compartir cama con ella y no haberla tocado. Fue pianista durante tres lustros del Oliver (Calle Almirante, 12), del que eran propietarios entonces Adolfo Marsillach y el periodista Jorge Fiestas, y uno de los lugares que frecuentaba la condesa descalza. "Adolfo quería que el local lo compráramos nosotros. Ava tenía que poner 100.000 pesetas, yo otro tanto, y el diplomático Miguel Gordomil y Arturo de Córdoba, el bailarín, otras 100.000. Pero a Ava, que era muy lista, no le convenció". Al final, se lo quedó Antonio Gades. En 2002, el local volvió a ser rebautizado como Café Oliver por sus nuevos propietarios: Frédéric Fétiveau y Karim Chauvin. Se trata de un restaurante especializado en cocina mediterránea que por las noches se transforma en un local de copas.

Cuando los bares cerraban a las tres, la actriz seguía la juerga en una venta

Paco Miranda solía acompañar a la diva en sus rutas festivas por Madrid. Le es difícil enumerar todos los locales. "Zambra (calle Victoria, 10) le encantaba". Pero uno de los sitios favoritos de la Gardner era la terraza del restaurante Riscal (Calle Marqués de Riscal, 11), actualmente cerrado. Nada más subirse al ascensor, ya se quitaba los zapatos y pasaba la velada descalza. Como toda estrella internacional o no que pisaba Madrid, Ava también acudía al Chicote (Gran Vía, 12). "aunque era el lugar que menos le gustaba, porque había mucha gente y tenía que estar constantemente firmando autógrafos", cuenta Miranda. En las instantáneas que recuerdan la época álgida de Chicote aparece Gardner charlando con Hemingway o con su amiga Lana Turner. Hoy es el Museo Chicote, que todavía sigue siendo punto habitual de las estrellas de cine que pasan por Madrid, como Hugh Grant o Catherine Zeta-Jones.
La casa de Paco Miranda es como un templo dedicado a los dioses de la edad dorada de Hollywood. Las estrellas de cine le firmaban fotografías que cuelgan de cada pared. Gregory Peck, Sofía Loren o Liza Minelli. Pero la protagonista es, casi siempre, su amiga Ava Gardner. Más de 50 fotos dedicadas, cartas enmarcadas que ella le escribió cuando se trasladó a vivir a Londres, regalos. "Se iba a Chelsea y me compraba cristal porque decía que daba suerte". Y ahí está la prueba. Un auténtico muestrario de cristal en forma de botellas de licor, mandadas a grabar por Ava Gardner con dedicatorias a su amigo. "Para mi querido amigo Paco", "For my capricorn friend Paco" o un simple "Dear Pesado". "Es que las siestas sin sexo unen mucho", se justifica, guasón, mientras sirve té frío.
Paco Román también fue un espectador de lujo de las fiestas de Gardner, pero desde el otro lado de la barra. A principios de los 50 trabajó de camarero en el bar del hotel Castellana Hilton (actual Intercontinental, Paseo de la Castellana, 49). Ava Gardner se alojaba allí. Esa fue la primera vez que la vio. "El trato hacia ella siempre tenía que ser de Señora. Me mandaba recados que me pagaba con buenas propinas: 2000 pesetas de entonces". Una vez le pidió que le comprara cuatro velas. Las colocó en el salón, mandó apagar las luces y mientras los músicos cantaban, ella apareció con una bata verde. "Se tiró al suelo y se quitó la bata. Fueron dos minutos, pero, ¡qué dos minutos!". Cuando terminó la fiesta, Ava Gardner se despidió de todos excepto de uno de los cantaores: "No, tú te quedas aquí". A ver quién le decía que no.
Los otros huéspedes del hotel echaban humo, así que la diva alternaba las fiestas en la suite con juergas en locales de moda, con especial preferencia por los tablaos flamencos. El Corral de la Morería (Calle Morería, 17), Torres Bermejas (Calle Mesonero Romanos, 11), Los Gabrieles (Calle Echegaray, 17), actualmente cerrado, o Villa Rosa (Plaza de Santa Ana, 15), propiedad de Lola Flores y El Pescaílla, y que después de pasar a ser discoteca, ha vuelto a convertirse en tablao. Pero del que era clienta asidua era de El Duende (actual Los Gitanillos, calle Claudio Coello, 48), que ahora es un restaurante. Con Antonio El Bailarín, el pianista Paco Miranda o Enrique Herreros, el dibujante, entre otros, se sentaba junto a Pastora Imperio, una de las dueñas del local, a ver cuadros flamencos. Paco Román también fue camarero del tablao. "Miraba el baile con muchísimo interés. Le gustaba sentarse y charlar con los artistas, y algunas veces se los llevaba al hotel para que le cantaran".

A quienes no podía soportar era a los periodistas. "Una vez dio con un vaso a un fotógrafo y le hirió en la cara, y a otro le tiró al suelo la máquina y pidió que llamáramos a la policía". Los periodistas continuaron yendo en busca de instantáneas reveladoras sobre la "ligera vida nocturna" de la diva, pero sabían que tenían que estar lejos. "Últimamente ya iba sola al local". De ahí pasaba, a veces, a la Cervecería Alemana (Plaza de Santa Ana, 6), un bar muy taurino al que también acabó yendo sola durante los últimos años de su estancia en Madrid. Continúa intacto.

Paco Román coincidió con ella en otro sitio: en Manolo Manzanilla, una venta en la carretera de Barajas a la que acudían los famosos para continuar la fiesta a partir de las tres de la madrugada, cuando cerraban todos los locales de la ciudad. Allí iba con Dominguín. La policía cerraba el local cada dos por tres, hasta que finalmente dejó de existir. "Bebía mucho, y lo que le pusieran: aguardiente, coñac, whisky, café, ginebra, bourbon...". Lo mismo dice Enrique Herreros, hijo del dibujante con el que compartía fiestas. Él trabajaba para la United Artists en España, y ella quiso ver el pase especial de la primera película de Stanley Kramer, No serás un extraño (1955), al lado de la Puerta del Sol. "Vino con su hermana. Se sentó a mi lado durante el visionado, con dos perros babosos asquerosos". Al terminar quiso beber, y Enrique la llevó al bar más cercano: La Mallorquina (Calle Mayor, 2). "Se pidió un whisky con cerveza y a mi me pidió otro. Al segundo ya no sabía ni dónde estaba, pero ella tan fresca".
Ava Gardner vivía sin tregua. Hasta que se mudó a Londres, lejos de la vida de continuas fiestas que había elegido para sí misma. Paco Miranda lo recuerda: "Unos años antes de morir me dijo desde Londres que tenía un amor. Bajito, cariñoso... Yo le decía: 'Ten cuidado, que te sacará el dinero'. En la siguiente carta me mandó una foto. Era un perro".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de agosto de 2011

jueves, 22 de junio de 2017

Ava Gardner contra Ava Gardner


Ava Gardner contra Ava Gardner


JAVIER OCAÑA
8 JUL 2011



"Yo siempre le digo a mi equipo: 'Crear es recordar. La memoria es la base de todo". Crear. Recordar. Dos verbos aparentemente poco conciliables en una misma oración pero que, unidos, adquieren una nueva dimensión. La frase es de Akira Kurosawa y con ella se refería a sus propias películas, pero fue introducida por otro cineasta, el muy particular documentalista Chris Marker, en el inicio de A. K., su creativo recuerdo sobre la figura del director japonés. Creativo recuerdo. Algo que parece haberse aplicado también Isaki Lacuesta, otro documentalista alejado de los convencionalismos, en La noche que no acaba, personalísima visión fílmica de Beberse la vida: Ava Gardner en España, ensayo del escritor y crítico de teatro Marcos Ordóñez sobre los días más de vino que de rosas de la actriz estadounidense en nuestro país.

Las tres caras de Ava Gardner

En el libro de Marcos Ordóñez sobre los 15 años en los que Ava Gardner vivió en España hay una foto de la actriz en los toros, rodeada de hombres de gafas negras y de traje de corte recto, en una época en que rectitud era equivalente a religión, y sinónimo de régimen. Son hombres de clavel en la solapa y de mujeres vestidas de manola. Ava lleva un sombrero, un collar y un bolso blancos. Los caballeros y el empleado de la plaza de toros que la acompañan esperan en pie a que ella tome asiento. Tiene el empleado una cinta cosida a la gorra de su uniforme donde figura estampada la palabra Arenas. Alguien entre la multitud se ha puesto un sombrero cordobés.

Antonio Muñoz Molina / Un héroe de las mujeres


Ava Gardner

Un héroe de las mujeres


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
23 FEB 1991


A Bioy Casares la historia seguramente le interesará: él, si la contara, tal vez la atribuiría a un tenorio porteño de madurez declinante y a una dama inglesa de pelo rojo y modales tan escandalosos como su belleza que cruza como un relámpago de fuego los salones de la mejor sociedad de Buenos Aires. Pero no es imprescindible acudir a la literatura para referirla ni inventar otros pormenores que los que ofrece el periódico para revelar el modo exacto en que la ternura, la vanidad y la mentira se vinculan en ella, así como una vaga memoria ambiental que procede del cine y de las revistas del corazón de hace 30 años, donde posaban hombres con el pelo todavía engominado y mujeres con zapatos de aguja, faldas acampanadas y pequeños sombreros con un velo que cubría la mitad de la cara. Una Costa Brava todavía agreste y sólo frecuentada por unos pocos extranjeros desganadamente apátridas y un Madrid de tranvías azules y bulevares intactos, de vestíbulos de hoteles que se parecen ampulosamente a los decorados de Hollywood y cafeterías modernas donde se cruzan los magnates franquistas con los productores internacionales de cine son los lugares por los que transitan los personajes de la historia: es ese tiempo en el que el cielo sobre la Gran Vía tiene un azul hiriente de postal o de tecnicolor, cuando nuestros mayores volvían a provincias mostrando una foto en la. que sonreían tomados del brazo en la plaza de España, junto al monumento de Cervantes. En las páginas en huecograbado sepia de las revistas y en el Nodo se ve la a las celebridades internacionales asistiendo con gafas de sol a las corridas de toros y visitando el museo de bebidas de Perico Chicote. El héroe, desmentido ahora, olvidado y muerto, es uno de esos galanes con fijador en el pelo y trajes a rayas a los que nuestros padres tal vez hubieran querido parecerse en su juventud. Exhibe una rotunda masculinidad española suavizada por una especie de desenvoltura internacional. Reúne en su figura intachable varios prestigios simultáneos: es un torero célebre, escribe y publica versos, actúa en el cine con la misma naturalidad seductora que en las Fiestas sociales y en las barras de las cafeterías cosmopolitas. Con el tiempo, al cabo de unos pocos años, su presencia irá volviéndose más rara y cada vez menos usual los diversos escenarios donde resplandecía, y sólo conocerá un breve apogeo recobrado cuando aparezca, a mediados de los setenta, en un programa arcaico de la televisión, vestido de esmoquin, ya un poco canoso pero todavía implacablemente distinguido, navegando como por los salones de una película musical entre concursantes femeninas que cumplen por un día el sueño satinado y patético de una boda con tules lujosos y marchas nupciales que muy pronto se convertirán en la sintonía de un anuncio de detergentes: en torno al único televisor que había en mi calle -tenía la pantalla cubierta con un papel de seda azul, porque se aseguraba que los rayos que despedía el aparato podían dejarlo a uno ciego- las mujeres de la vecindad se congregaban, los domingos por la tarde para ver a Mario Cabré en Reina por un día con un arrobo lacrimoso muy semejante al que las embargaba cuando veían pasar a las novias camino de la iglesia.

miércoles, 21 de junio de 2017

Emily Ratajkowski / Negro I


Emily Ratajkowski

NEGRO I




Emily Ratajkowski / Robin Thicke / Blurred Lines I



Emily Ratajkowski, Jessi M'Bengue y Elle Evans
Robin Thicke - Blurred Lines ft. T.I., Pharrell



Emily Ratajkowski, Jessi M'Bengue y Elle Evans
Robin Thicke - Blurred Lines (Unrated Version) ft. T.I., Pharrell

Emily Ratajkowski / La dama del perrito


Emily Ratajkowski
LA DAMA DEL PERRITO
Nueva York, 2017





martes, 20 de junio de 2017

Carol Ann Duffy / Entibiando sus perlas



Carol Ann Duffy
Entibiando Sus Perlas

       Para Judith Radstone
Junto a mi propia piel, sus perlas. Mi ama
me hace usarlas, entibiarlas, hasta la tarde
cuando peinaré sus cabellos. A las seis las pongo
en su blanco y fresco cuello. Pienso en ella todo el día,

descansando en el Cuarto Amarillo, contemplando seda
o tafetán, ¿qué vestido usaré esta noche? Ella se abanica
mientras yo trabajo empeñosa, mi lento calor entrando
en cada perla. Holgando sobre mi cuello, su cuerda.

Ella es hermosa, sueño con ella
en mi cama en el ático: la imagino bailando
con hombres altos, confundidos por mi leve, persistente esencia
bajo su perfume francés, sus lechosas piedras.

Sacudo sus hombros con una pata de conejo
miro su rubor suave filtrarse en su piel
como un suspiro indolente. En su espejo
mis rojos labios parten como si quisiera yo hablar.

Luna llena. Su carruaje la trae a casa. Miro
cada movimiento suyo en mi cabeza…Desvistiéndose
quitándose sus joyas, su mano delgada alcanzando
el estuche, deslizándose desnuda en su cama como

lo hace siempre…Y yo estoy aquí despierta,
sabiendo que las perlas se enfrían en este momento
en la habitación donde mi ama duerme. Toda la noche
siento su ausencia, y ardo.