domingo, 20 de agosto de 2017

Vargas Llosa / Sangre derramada

Ojo
Barcelona, 2017
Foto de Triunfo Arciniegas


Mario Vargas Llosa

Sangre derramada

Los fanáticos nunca van a ganar la guerra. La matanza de inocentes será una poda y las viejas Ramblas seguirán inmantando a la misma variopinta humanidad


EL PAÍS
19 AGO 2017 - 17:00 COT

Julian Cadman, seven, confirmed as among 13 killed in Barcelona attack




Sangre derramada
FERNANDO VICENTE

El terrorismo fascinó siempre a Albert Camus y, además de una obra de teatro sobre el tema, dedicó buen número de páginas de su ensayo sobre el absurdo, El mito de Sísifo, a reflexionar sobre esa insensata costumbre de los seres humanos de creer que asesinando a los adversarios políticos o religiosos se resuelven los problemas. La verdad es que salvo casos excepcionales en que el exterminio de un sátrapa atenuó o puso fin a un régimen despótico –los dedos de una mano sobran para contarlos- esos crímenes suelen empeorar las cosas que quieren mejorar, multiplicando las represiones, persecuciones y abusos. Pero es verdad que, en algunos rarísimos casos, como el de los narodniki rusos citados por Camus, que pagaban con su vida la muerte del que mataban por “la causa”, había, en algunos de los terroristas que se sacrificaban atentando contra un verdugo o un explotador, cierta grandeza moral.
No es el caso, ciertamente, de quienes, como acaba de ocurrir en Cambrils y en las Ramblas de Barcelona, embisten en el volante de una camioneta contra indefensos transeúntes –niños, ancianos, mendigos, jóvenes, turistas, vecinos- tratando de arrollar, herir y mutilar al mayor número de personas. ¿Qué quieren conseguir, demostrar, con semejantes operaciones de salvajismo puro, de inaudita crueldad, como hacer estallar una bomba en un concierto, un café o una sala de baile? Las víctimas suelen ser, en la mayoría de los casos, gentes del común, muchas de ellas con afanes económicos, problemas familiares, tragedias, o jóvenes desocupados, angustiados por un porvenir incierto en este mundo en que conseguir un puesto de trabajo se ha convertido en un privilegio. ¿Se trata de demostrar el desprecio que les merece una cultura que, desde su punto de vista, está moralmente envilecida porque es obscena, sensual y corrompe a las mujeres otorgándoles los mismos derechos que a los hombres? Pero esto no tiene sentido, porque la verdad es que el podrido Occidente atrae como la miel a las moscas a millones de musulmanes que están dispuestos a morir ahogados con tal de introducirse en este supuesto infierno.





Tampoco parece muy convincente que los terroristas del Estado islámico o Al-Qaeda sean hombres desesperados por la marginación y la discriminación que padecen en las ciudades europeas. Lo cierto es que buen número de los terroristas han nacido en ellas y recibido allí su educación, y se han integrado más o menos en las sociedades en las que sus padres o abuelos eligieron vivir. Su frustración no puede ser peor que la de los millones de hombres y mujeres que todavía viven en la pobreza (algunos en la miseria) y no se dedican por ello a despanzurrar a sus prójimos.
La explicación está pura y simplemente en el fanatismo, aquella forma de ceguera ideológica y depravación moral que ha hecho correr tanta sangre e injusticia a lo largo de la historia. Es verdad que ninguna religión ni ideología extremista se ha librado de esa forma extrema de obcecación que hace creer a ciertas personas que tienen derecho a matar a sus semejantes para imponerles sus propias costumbres, creencias y convicciones.
El terrorismo islamista es hoy día el peor enemigo de la civilización. Está detrás de los peores crímenes de los últimos años en Europa, esos que se cometen a ciegas, sin blancos específicos, a bulto, en los que se trata de herir y matar no a personas concretas sino al mayor número de gentes anónimas, pues, para aquella obnubilada y perversa mentalidad, todos los que no son los míos –esa pequeña tribu en la que me siento seguro y solidario- son culpables y deben ser aniquilados.




Para mí las Ramblas son un lugar mítico, la ciudad empezó a liberarse antes que el resto de España

Nunca van a ganar la guerra que han declarado, por supuesto. La misma ceguera mental que delatan en sus actos los condena a ser una minoría que poco a poco –como todos los terrorismos de la historia- irá siendo derrotada por la civilización con la que quieren acabar. Pero desde luego que pueden hacer mucho daño todavía y que seguirán muriendo inocentes en toda Europa como los catorce cadáveres (y los ciento veinte heridos) de las Ramblas de Barcelona y sembrando el horror y la desesperación en incontables familias.
Acaso el peligro mayor de esos crímenes monstruosos sea que lo mejor que tiene Occidente –su democracia, su libertad, su legalidad, la igualdad de derechos para hombres y mujeres, su respeto por las minorías religiosas, políticas y sexuales- se vea de pronto empobrecido en el combate contra este enemigo sinuoso e innoble, que no da la cara, que está enquistado en la sociedad y, por supuesto, alimenta los prejuicios sociales, religiosos y raciales de todos, y lleva a los gobiernos democráticos, empujados por el miedo y la cólera que los presiona, a hacer concesiones cada vez más amplias en los derechos humanos en busca de la eficacia. En América Latina ha ocurrido; la fiebre revolucionaria de los años sesenta y setenta fortaleció (y a veces creó) a las dictaduras militares, y, en vez de traer el paraíso a la tierra, parió al comandante Chávez y al socialismo del siglo XXI en la Venezuela de la muerte lenta de nuestros días.
Para mí, las Ramblas de Barcelona son un lugar mítico. En los cinco años que viví en esa querida ciudad, dos o tres veces por semana íbamos a pasear por ellas, a comprar Le Monde y libros prohibidos en sus quioscos abiertos hasta después de la medianoche, y, por ejemplo, los hermanos Goytisolo conocían mejor que nadie los secretos escabrosos del barrio chino, que estaba a sus orillas, y Jaime Gil de Biedma, luego de cenar en el Amaya, siempre conseguía escabullirse y desaparecer en alguno de esos callejones sombríos. Pero, acaso, el mejor conocedor del mundo de las Ramblas barcelonesas era un madrileño que caía por esa ciudad con puntualidad astral: Juan García Hortelano, una de las personas más buenas que he conocido. Él me llevó una noche a ver en una vitrina que sólo se encendía al oscurecer una truculenta colección de preservativos con crestas de gallo, birretes académicos y tiaras pontificias. El más pintoresco de todos era Carlos Barral, editor, poeta y estilista, que, revolando su capa negra, su bastón medieval y con su eterno cigarrillo en los labios, recitaba a gritos, después de unos gins, al poeta Bocángel. Esos años eran los de las últimas boqueadas de la dictadura franquista. Barcelona comenzó a liberarse de la censura y del régimen antes que el resto de España. Esa era la sensación que teníamos paseando por las Ramblas, que ya eso era Europa, porque allí reinaba la libertad de palabra, y también de obra, pues todos los amigos que estaban allí actuaban, hablaban y escribían como si ya España fuera un país libre y abierto, donde todas las lenguas y culturas estaban representadas en la disímil fauna que poblaba ese paseo por el que, a medida que uno bajaba, se olía (y a veces hasta se oía) la presencia del mar. Allí soñábamos: la liberación era inminente y la cultura sería la gran protagonista de la España nueva que estaba ya asomando en Barcelona.
¿Era precisamente ese símbolo el que los terroristas islámicos querían destruir derramando la sangre de esas decenas de inocentes al que aquella furgoneta apocalíptica –la nueva moda- fue dejando regados en las Ramblas? ¿Ese rincón de modernidad y libertad, de fraterna coexistencia de todas las razas, idiomas, creencias y costumbres, ese espacio donde nadie es extranjero porque todos lo son y donde los quioscos, cafés, tiendas, mercados y antros diversos tienen las mercancías y servicios para todos los gustos del mundo? Por supuesto que no lo conseguirán. La matanza de los inocentes será una poda y las viejas Ramblas seguirán imantando a la misma variopinta humanidad, como antaño y como hoy, cuando el aquelarre terrorista sea apenas una borrosa memoria de los viejos y las nuevas generaciones se pregunten de qué hablan, qué y cómo fue aquello.

Groucho Marx / Citadme diciendo que me han citado mal


Citas de Groucho Marx



· "Citadme diciendo que me han citado mal."


· "Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros."


· "Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro."


· "Parad el mundo que me bajo."


· "Conozco a centenares de maridos que volverían felices al hogar si no hubiera una esposa que les esperara. Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio."


· "No estoy seguro de cómo me convertí en comediante o actor cómico. Tal vez no lo sea. En cualquier caso me he ganado la vida muy bien durante una serie de años haciéndome pasar por uno de ellos."


· "No es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio."


· "Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado."


· "En esta industria, todos sabemos que detrás de un buen guionista hay siempre una gran mujer, y que detrás de ésta está su esposa."


· "Nunca voy a ver películas donde el pecho del heroe es mayor que el de la heroina."


· "Todo lo que soy se lo debo a mi bisabuelo, el viejo Cyrus Tecumseh Flywheel. Si aún viviera, el mundo entero hablaría de él... ¿Que por qué? Por que si estuviera vivo tendría 140 años."


· "Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la posibilidad de beber algo a media noche sin peligro de pisar al gato."


· "He disfrutado mucho con esta obra de teatro... especialmente en el descanso."


· "Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo."


· "Inteligencia militar son dos términos contradictorios."


· "El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio... si puedes simular eso, lo has conseguido."


· "¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?"


· "En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste."


· "Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi empresario."


· "¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero!... ¡Pero cuestan tanto!"


· "Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo."


· "El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución."


· "Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntarselo. Y si responde "sí", entonces sabes que está corrupto."


· "¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?"


· "¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?"


· "La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música."


· "Una mañana me desperté y maté a un elefante en pijama. Me pregunto cómo pudo ponerse mi pijama."


· "He pasado una noche estupenda... pero no ha sido ésta."


· "La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados."


· "Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente."


· "¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación mas grande."


· "Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera virgen."


· "Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre. Y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer."


· "No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo."


· "Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria."


· "Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote. Besos, Groucho."



El gran Groucho / El más Marx de los hermanos Marx



El gran Groucho

Hace 40 años falleció el más Marx de los hermanos Marx, como lo definía Vázquez Montalbán


DIEGO GALÁN
10 AGO 2017 - 17:00 COT


Groucho Marx.
Groucho Marx.

Jaume Figueras, premio Nacional de Periodismo Cultural el pasado año, añoraba hace unos días en Internet aquellos homenajes que TVE rendía a artistas o directores emitiendo sus películas cuando fallecían, y aseguraba Figueras que no hubiera habido dudas en que estos días se habría recordado de esa forma a Paquita Rico, Jeanne Moreau o Sam Shepard. Tenía aquella televisión pública de los años ochenta una vocación cultural, incluso cinéfila, y emitía con frecuencia hasta películas mudas y, desde luego, muchas subtituladas. Hasta se llegaron a subtitular películas de los hermanos Marx, que perdían en la lentitud del texto parte del doble sentido de las frases con las que Groucho desconcertaba a la audiencia. Pero al menos se hizo la prueba en aquella televisión, en la que también se recordaban aniversarios, como ahora mismo se estaría haciendo con los de Robert Mitchum, Nicholas Ray, Robert Siodmak… o Groucho Marx, fallecido en agosto de hace cuarenta años. ¡Groucho!, el más Marx de los hermanos Marx, como lo definía Vázquez Montalbán en aquella comedia musical, Guillermina en el país de las Guillermotas, que la censura no autorizó, vaya usted a saber por qué. Seguramente no fuera por las irreverencias de Groucho sino por otras propias del irreverente Montalbán. Las agudas réplicas de Groucho no solo se mantienen en sus películas ("¿Quiere casarse conmigo?, ¿Tiene dinero? Conteste primero a la segunda pregunta", por ejemplo), sino en sus libros ("Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve sexo, aún conservo el recibo"), y en intervenciones televisivas: fue polémica su conversación con una mujer que había sido madre de 11 hijos en la que ella dijo: "Quiero mucho a mi marido", a lo que Groucho replicó: "Señora, a mí me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca”.
40 años sin Groucho no han hecho que se olviden sus películas, ni sus libros ni sus frases, ni aquella divertida polémica con Warner Bros. cuando la productora les acusó de plagiar el título de Casablanca en la película Una noche en Casablanca. La respuesta de Groucho fue contundente: "Estoy seguro de que incluso el espectador medio sabrá distinguir a Ingrid Bergman de Harpo". Y por si fuera poco: "¿Pueden ustedes usar el nombre de Hermanos Warner? ¡Nosotros éramos hermanos desde mucho antes".
Dado que TVE ha perdido la sana costumbre de rendir homenajes, el curioso espectador puede encontrar en YouTube numerosos fragmentos de películas y de espacios televisivos y componer el suyo particular.


sábado, 19 de agosto de 2017

Escritores húngaros / ¿Se diluye el efecto Márai?

El escritor húngaro Sándor Márai y su mujer, Lola Matzner, en 1923.
El escritor húngaro Sándor Márai y su mujer, Lola Matzner, en 1923. LEGADO MÁRAI


¿Se diluye el efecto Márai?

Las traducciones de las novelas del desaparecido escritor húngaro han sido todo un fenómeno que empieza a atenuarse


FERNANDO GARCÍA ROMAN
24 JUN 2014 - 04:19 CDT








Casi once años después de ejecutar su voluntario final, del que se cumplieron 25 años el pasado 21 de febrero, en la casita ajardinada de San Diego (EE UU), el escritor húngaro de origen sajón Sándor Márai (Kosice, 1900) irrumpió en nuestro panorama editorial con El último encuentro. El esperado tête à tête entre los dos amigos, ya ancianos, 41 años después de que uno de ellos, el músico, desapareciese sin dejar rastro al otro, militar, y con un gran secreto sin desvelarse entre ambos, ha llegado a reclamar ya 47 reediciones, contabilizando las tres últimas aparecidas en la colección de bolsillo de la editorial Salamandra.
 Luego, con La mujer justa (2005), quinta novela editada en castellano, como el resto de su obra, por la misma editorial, el sorprendente hallazgo Márai acabó consolidándose como algo tan incontestable como alentador para quienes apuestan por la literatura de calidad. Con los tres largos monólogos que desarrollan por separado los protagonistas de un triángulo amoroso, se afianzó el interés por ese enigmático autor que fuimos también conociendo a través de sus libros de memorias, Confesiones de un burgués y ¡Tierra! ¡Tierra!, y por la biografía de Ernö Zeltner (Publicaciones de la Universitat de Valencia y de la Universidad de Granada, 2005).
Cada año aparecía una obra nueva, alimentando puntualmente al extenso grupo de ávidos seguidores que se fue creando en torno a Márai, confirmándose entre ellos a un tipo de lector maduro que, atraído por su literatura existencial, por el fino bisturí de su palabra hurgando en el delicado tejido de pasiones y dramas humanos, y siempre envuelta en una especial resonancia musical, buscaba prolongar el feliz descubrimiento, yendo de un libro a otro. Cualquiera de sus novelas demandaba posteriores ediciones, a menudo, de forma inmediata.
La singular literatura de Márai, capaz de fundir exaltación emocional con reflexión y análisis, llegó a merecer espacios destacados entre las estanterías de grandes superficies. Así que sería difícil encontrar en la primera década del siglo a un autor extranjero que haya gozado de mayor difusión en nuestro país. No es habitual que en un periodo de algo más de doce años se hayan editado trece obras del mismo escritor: diez novelas, dos libros autobiográficos y el quinto de sus interesantísimos cinco volúmenes de Diarios, escrito durante su estancia en San Diego (California), último destino del largo exilio voluntario que le mantuvo fuera de Hungría desde noviembre de 1948.
Sin embargo, desde hace dos años no aparece ningún título nuevo, y no porque el resto de su obra en húngaro, la lengua a la que permaneció fiel toda su vida, carezca de interés. Quedan por traducirse novelas tan valiosas como Los celosos o Los ofendidos, que junto a Los rebeldes compusieron la célebre trilogía Los Garren; o la última de su extensa producción, Amor profundocuriosamente una novela policiaca, lo que tampoco debiera resultar nada extraño si atendemos a la capacidad de atmósferas intrigantes que caracteriza a muchas de sus novelas. Sería interesante conocer al menos alguno de los ensayos que tanto contribuyeron a su prestigio en los años treinta y mitad de los cuarenta, la etapa más relevante y feliz de su vida. Márai fue además un buen poeta y autor de teatro —Patrulla a Kaschausería su pieza más célebre—; y escribió numerosos artículos en prensa, de los que podrían recordarse la influyente columna del Pesti Hirlap (Diario de Pest), previendo el fin de la cultura occidental.

Aunque sus libros no han desaparecido de las librerías, ya no ocupan la misma extensión. En los últimos años se han seguido reeditando, pero ahora en la colección de bolsillo de Salamandra, mientras que Liberación, la última y magnífica novela traducida, no ha gozado de similar repercusión a pesar de tratarse de una de sus cumbres narrativas reflejando las dramáticas horas previas a la toma de Budapest por parte de las tropas soviéticas. ¿Se está diluyendo el efecto Márai? Sería una lástima que ocurriese en estos años de riesgo para la literatura exigente, capaz además de acceder a un amplio espectro de lectores.
Fernando García Román es escritor y periodista. Fue condecorado por el Gobierno de Hungría con la I Medalla Pro-Cultura Hungárica. Actualmente ultima el perfil biográfico Márai ejemplar.

Sándor Márai / Retazos de un peregrino ilustrado

Sándor Márai
Poster de T.A.

Retazos de un peregrino ilustrado

El Palau Robert de Barcelona recorre en una exposición la trayectoria vital y profesional del escritor Sándor Marai, principal exponente de la literatura nómada del Siglo XX


GORKA PÉREZ
Barcelona 18 ABR 2011 - 05:28 CDT


Diez apartados desgranan 89 años de vida, todos ellos narrados por fotografías, objetos y sobretodo libros. De esta forma se repasa la vida del escritor húngaro Sándor Márai (Kassa, Hungría. 1900- San Diego, California, Estados Unidos, 1989), en la exposición Un peregrino del siglo XX, que se presenta en el Palau Robert de Barcelona hasta finales del próximo mes de agosto con motivo de la primera presidencia de turno de Hungría en la Unión Europea.

Sándor Márai / El seductor tardío

Sándor Márai

LA HERMANA

El seductor tardío


Amelia Castilla
7 de abril de 2007


Una nueva novela de Sándor Márai, La hermana, en la que reflexiona sobre la pasión, el dolor y la música, completa el legado literario del escritor húngaro.

Sigrid Kraus, editora de Salamandra, no conocía al húngaro Sándor Márai (Kassa, hoy Eslovaquia, 1900-San Diego, Estados Unidos, 1989) cuando recibió el manuscrito de El último encuentro en las navidades de 1999, pero nada más comenzar a leer la novela del escritor húngaro conectó con su tono. Se lo había recomendado su amigo Roberto Calasso, presidente de Adelphi Edizioni, y una vez más había dado en el clavo. El mismo día de Reyes decidió rescatar el libro -lo publicó Destino en 1966 con el título A la luz de los candelabros y pasó inadvertido- e incluirlo entre las novedades de la temporada. No ha tenido tiempo de arrepentirse. En la actualidad ha vendido más de 200.000 ejemplares de la novela en la que dos amigos ya ancianos evocan un suceso que marcó sus vidas. Pero la devoción por la obra de Márai no había hecho más que empezar. La recuperación de su obra, prohibida en Hungría desde la instauración de la dictadura comunista, se ha visto acompañada también del éxito de la crítica. En los últimos cinco años Salamandra ha rescatado siete libros del autor que supo plasmar como pocos los conflictos morales. La próxima semana sale a la calle La hermana, escrita en 1946 y en la que Márai reflexiona sobre la pasión, el dolor, la enfermedad y la música. Tras La hermana llegarán otros títulos de un autor que destacó en el mundo del periodismo, el teatro y la poesía.

Sándor Márai / Escribir en busca de dignidad


Sándor Márai

Escribir en busca de dignidad



MONIKA ZGUSTOVA

18 de febrero de 2006



Sándor Márai crea en el segundo tomo de sus memorias un mapa de emociones, historia y reflexiones sobre su lugar en el mundo y la época que le tocó vivir. El escritor asiste en Budapest al final de la Segunda Guerra Mundial y a la irrupción de un brutal poder comunista.

viernes, 18 de agosto de 2017

Personajes que George R.R. Martin dijo que sobrevivirían hasta el final de Juego de tronos

George R.R. Martin


Si hay algo que hemos aprendido durante seis temporadas (y parte de la séptima) de Juego de Tronos es que nadie está a salvo. Esa siempre fue la idea de George R.R. Martin, autor de los libros en los que se basa la serie. Pero desde la creación de la saga Martin siempre quiso que cinco personajes sobrevivieran hasta el final.
Martin publicó el primer libro de su saga Canción de Hielo y Fuego, llamado Juego de Tronos, en el año 1996. Sin embargo, años antes había comenzado a conversar con editores para publicar la novela. Una de esas cartas se filtró y nos permite dar un vistazo a los planes originales del autor para la historia de Westeros, además de cuáles eran los personajes más importantes para él.
Han pasado más de dos décadas desde que el autor escribió estas cartas, por lo que sus planes para la historia han cambiado, sobre todo en lo que concierne a la forma en la que se relacionan los que eran sus personajes favoritos.
Aviso: la carta fue escrita en 1993, mucho tiempo antes del estreno de la serie e incluso antes de la publicación del primer libro. Aún así, da una idea de cuáles eran los planes originales para cinco de los cinco personajes más importantes en la historia de la serie que podrían, o no, estar vivos todavía.
Cuando Martin presentó esa historia llamada Canción de Hielo y Fuego el autor ni siquiera sabía que se desarrollaría en siete libros, y en muchos aspectos era diferente a lo que conocemos ahora tanto en las novelas como en la serie, como demuestra esta carta filtrada que ahora, durante la séptima temporada, es más relevante que nunca.














Imagen: vía Business Insider.

En la carta Martin intenta demostrar el valor de su historia a un editor presentando los primeros capítulos del libro junto a un resumen de lo que espera hacer con la trama y los personajes:
“Cinco personajes principales vivirán durante los tres volúmenes, aunque madurarán y dejarán de ser niños para convertirse en adultos en el proceso. En cierto modo, mi trilogía es una saga generacional, contando la historia de estos cinco personajes, tres hombres y dos mujeres. Los cinco personajes claves de esta historia son Tyrion Lannister, Daenerys Targaryen y tres de los niños de Invernalia: Arya, Bran y el bastardo Jon Snow. Todos ellos son presentados durante los capítulos que aquí envío”.
Los cinco personajes principales que sobrevivirían toda la historia serían Tyrion, Daenerys, Jon, Arya y Bran. Todos ellos siguen con vida hasta el quinto episodio de la séptima temporada de la serie, así que sus planes en este sentido podrían no haber cambiado tanto. De cualquier forma, esto demuestra la importancia que tenían esos cinco personajes para Martin al momento de crear Canción de Hielo y Fuego.
El hecho de que no haya mención a Sansa Stark, Cersei y Jaime Lannister originalmente significaba que no llegarían vivos al final de la historia. Ahora, 24 años más tarde, está por verse. Aunque Martin también reconoció que en la serie nadie está a salvo:
“El elenco de personajes no se mantendrá igual para siempre. Muchos morirán y darán paso a la llegada de nuevos, incluso personajes simpáticos para el público van a morir. Quiero que el lector sienta que nadie se encuentra a salvo, ni siquiera aquellos personajes que parecen ser los héroes.”
Por otro lado, muchos aspectos han cambiado en cuanto a la relación que llevarían esos personajes. Por ejemplo, Jon y Arya originalmente iban a enamorarse y tener una relación, Joffrey iba a casarse con Sansa y tendrían un hijo y Tyrion iba a estar enamorado de Arya. Afortunadamente nada de esto sucedió.
Para Martin los libros y la serie son dos cosas distintas y tiene en sus planes que sus novelas no terminen de la misma forma que la producción de HBO. Algún día, cuando publique los dos libros que restan, sabremos qué tan ciertas eran sus declaraciones. 




Juego de tronos / Lobo huargo, lobo muerto
Juego de tronos / Ramsey Bolton
Juego de tronos / Jon Snow / Mi guardia ha terminado
Juego de tronos / Melisandre / La Reina Roja
Juego de tronos / Max von SydowJuego de tronos / Arya Stark
Juego de tronos / Hodor, en mayúsculas
Juego de tronos / Sansa Stark
Juego de tronos / Cersei Lannister, La Reina Negra